Me pongo existencialista con una lata de cerveza en la mano y una tumbona en el balcón
Ayer me comí un par de huevos revueltos con tomate y después me senté en el sofá a mirar la tele. Salían unas niñas en bikini que lloraban todo el rato. Había 20 o 30 niñas, por lo menos. Les presté atención durante algunos minutos pero, aún así, no pude entender por qué lloraban. Será que ayer estaba un poco espeso. Luego pusieron anuncios y entonces apagué la tele. No pensé más en todo aquello hasta ahora mismo, que me he sentado a escribir y, sin saber por qué cojones, me he acordado de las niñas en bikini de la tele.
Después de esto me levanté del sofá y me puse a buscar un libro. No tenía claro qué libro andaba buscando pero el caso es que me apetecía pasar la tarde entera leyendo sin salir de casa ni hablar con nadie ni nada de eso. En mi casa hay muchos libros y una biblioteca muy pequeña para colocarlos, así que la mayoría andan por ahí desperdigados en cualquier rincón. Es algo caótico y eso me gusta. Me proporciona cierta sensación de seguridad y orden, aunque se trata de un orden extraño: el orden contenido en el caos, la ausencia de autoridad, la nulidad de la planificación, la desconocida racionalidad de lo irracionable. La armonía no necesita ser ordenada, por eso me gusta la apariencia de desorden -todo esto sólo es filosofía barata, así que no le presteis demasiada atención: hacedme caso y seguid leyendo como si nada.
Después de mucho buscar me quedé con En el camino, de Jack Kerouac. Es un libro genial, sin duda. La historia de un chico sin imaginación que quiere viajar para tener cosas que contar porque, sobre todo, ese chico quiere ser escritor. Se lo recomiendo a cualquiera, incluso a quien no quiera ser escritor. El tema es que agarré el libro, pillé una lata de cerveza bien fría y me senté en el balcón a pasar la tarde. El libro estaba marcado de otras lecturas anteriores. Tenía subrayados y algunos párrafos acotados y cosas de éstas. Estuve echándole una ojeada y encontré algo que me gustó especialmente. Un párrafo bastante corto pero lleno de sentido. Yo tenía un día un poco tonto y la verdad es que me vino bien leer aquello. Así que he pensado pegar aquí ese fragmento para que también podáis leerlo vosotras. Bueno, ahí va la cosa…
¿No es cierto que se empieza la vida como un dulce niño que cree en todo lo que pasa bajo el techo de su padre? Luego llega el día de la decepción cuando uno se da cuenta de que es desgraciado y miserable y pobre y está ciego y desnudo, y con rostro de fantasma dolorido y amargado camina temblando por la pesadilla de la vida. (En el camino; Jack Kerouac)
No es que sea esperanzador, lo reconozco, pero al menos es sincero y eso ya es más que nada. Lo cierto es que no hay vuelta de hoja, así son las cosas y ya está. Es una putada, una grandísima putada, aunque para algunos sea un privilegio esto de vivir. ¡Bah! Me voy a ir a la cama, que es donde me tenía que haber quedado esta puta mañana de jodido domingo de resaca que me está fastidiando la existencia… Pues eso. Que ya me pasaré por aquí otro día.
Si, desde luego no descubres nada nuevo, pero a veces viene bien recordarlo. Por lo que se adivina en tu blog, me recuerdas a una mezcla entre yo y un buen amigo mio.
Que mas da si me voy a morir…
(sorry, no tengo acentos)
Eso de que no descubro nada nuevo lo tengo claro, pero de ahí en adelante no consigo entender casi nada. Muchas gracias por tu comentario, de todos modos. Me gusta saber que alguien ha leído esto. A ver si otro día me pilla más ligerito y consigo entender lo que leo al primer intento.