Friday, October 19, 2007

La ciudad era como una enorme cloaca donde se amontonaban millones de ratas muertas

Cogimos unas cervezas

y salimos a la terraza a beber en silencio.
Las nubes habían tapado el sol
y no tardaría en empezar a llover.
Ella abrió su lata y yo abrí la mia
y empezamos a sorber.

El verano había terminado.
Los dos preferimos la playa cuando ya no es verano.
El mar no se pringa de bronceador
ni tampoco se llena de caspa y de vello púbico.
Las gaviotas volaban bajo las nubes grises
y una pareja de ancianos paseaba junto a la orilla,
justo al borde de las olas.

Aquello era más que suficiente para poder vivir,
nadie necesitaba nada más.
La ciudad quedaba tan lejos
que ya casi la habíamos olvidado.
Acabar del todo con ella
tan sólo era cuestión de tiempo,
algunos días o algunas semanas, quizá;
puede que algunos años
o algunos cientos de miles de años, en el peor de los casos.
La ciudad era como un monstruo deforme
que se agitaba agonizante detrás de las montañas,
gritando como un poseso,
aplastando todo cuanto rozaba sus entrañas,
coches relucientes
y yonkis excitados
que trepaban como insectos
por los muros y las ventanas
de las casas idénticas.
La ciudad era como una enorme cloaca
donde se amontonaban millones de ratas muertas.

Habíamos acabado las cervezas
y la lluvia no llegaba todavía,
así que me levanté de la silla
y fuí hasta la nevera
a coger otras dos latas bien frías.

Posted by Svevo Bandini at 09:33:51
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